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Entre las actividades, quehaceres y profesiones, si bien todas dignas y exigentes, despunta por su dedicación el “arte culinario” o “hacer entre fogones”, cuyo aprendizaje no tiene límite temporal.

Se mezcla en este mundo inmenso, vocación, disciplina, una formación que no cesa y a su vez sentimiento, retos y sueños, unas veces logrados y en no pocas ocasiones frustrados o malogrados; en fin, alegrías y sinsabores.

Pese a todo, no cabe duda de que embarcarse en esta “labor” merece la pena, siempre siendo conscientes de que el “éxito” se pelea a diario con coraje. Convertir tu vocación en medio de vida requiere de renuncias en el plano familiar, en las relaciones sociales, amistades a las que se suele tener un tanto abandonadas… valen las expresiones “aquí no hay ni horas ni fiestas”.

Aspiro como necesidad imperiosa a que se incentive la “formación” para lograr profesionales y personal cualificado en el sector, que nutra a los establecimientos de hostelería de nuestra zona, potenciando la realización de prácticas en los mismos de los alumnos que cursen estos estudios de FP. La “actuación coordinada” entre instituciones, organismos y empresarios debe ser una “colaboración” en la que todos los actores encuentren un foro permanente de dialogo, cambio de impresiones, formulación de líneas de actuación y propuestas y todo ello, en pro del sector, de su presente y su futuro.

No quiero acabar estas someras reflexiones, sin como mínimo, dejar apuntada la crucial presencia que a día de hoy tienen las nuevas tecnologías y su conocimiento en la gestión hostelera, en las relaciones con proveedores y con los clientes a los que nos debemos.

Con empeño lograremos que las palabras se conviertan en realidades y para ello, juzgo oportuno no incurrir en dilaciones, acometiendo con celeridad las actuaciones que propicien engrandecer esta bella profesión.

Barriendo para casa, el Grao de Castelló lo agradecerá.

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